En las últimas semanas ha surgido una fuerte polémica en la capital de España, al declarar su alcalde la ‘guerra’ los graffiteros. Pretende imponer sanciones más duras, que actualmente se sitúan entre los 60 y los 90 euros, a los autores de los graffitis, ‘falsas manifestaciones artísticas’ según Gallardón, que causan al erario público madrileño un fuerte daño al tener que invertir anualmente seis millones de euros para su limpieza. El graffiti no sólo se ha convertido en un problema higiénico y social sino además provoca un problema de degradación urbanística, medioambiental y económica en las arcas municipales.
Nuestro municipio también sufre el mismo escenario, donde es visible una cantidad desmesurada de pintadas callejeras en la práctica totalidad de los barrios de Rivas Oeste que les dan una apariencia de suciedad y abandono. Pero esto mismo comienzan a padecerlo los vecinos del Casco. Desde que se trasladó la casa de la juventud a la calle Marcial Lalanda, el Ayuntamiento promueve actividades de pintadas de graffiti en la pista polideportiva que está tras el ambulatorio. Estas actividades lejos de proporcionar un lugar adecuado para la expresión de los “graffiteros” parece que son un “incentivo” a continuar con este tipo de “expresión artística” en lugares como paredes, ventanas del ambulatorio y cualquier tipo de muro etc. de todo el entorno, incluidos los patios de la casa de la juventud, sin ningún tipo respeto por el entorno ni de vigilancia municipal. La inmensa mayoría de estos simpatizantes del aerosol, son macarrillas adolescentes, aletargados por el bienestar y el delirio de la rebeldía y aleccionados en cursillos impartidos desde asociaciones juveniles y sociales locales. Paradigma de estos cursillos que fomentan una cultura asociada al graffiti, a través de la atmósfera musical del hiphop, es el que impartirá el gimnasio de Covibar, en donde podemos observar en la publicidad que estos días han pegado en las fachadas de los edificios de esta misma zona, a una joven detrás de una de las fachadas de los soportales de estas viviendas repleta de pintadas. Nos parece que desde este gimnasio no le están haciendo un favor al patrimonio de las mancomunidades de cuyas zonas pretende gestionar la Junta Rectora de Covibar, dueña del gimnasio. Están amparando una forma de ensuciar al municipio apoyado en un curioso sentido de la estética y del mérito artístico. Este anacrónico fenómeno social no es más que una nueva horda de pintamonas con la intención de “desnaturalizar” la ciudad.
El grupo municipal de Ciudadanos de Rivas ha solicitado a la Concejalía de Medio Ambiente y a la de Política Territorial que nos informe si existe alguna ordenanza municipal que regule este tipo de pintadas en nuestras calles, así como las actuaciones tanto sancionadoras como de limpieza de las fachadas realizada en los dos últimos años. Esperemos que si el gobierno municipal pretende hacer creíble su palabrería de realizar una política transparente de información al vecino, nos aporten la documentación solicitada, ya que aún esperamos desde la estas Concejalías los informes sobre Rivamadrid.
Nosotros diferenciamos entre el graffiti artístico y el graffiti callejero. El graffiti artístico es aquél donde se proyecta el trabajo del profesional en un sitio especialmente preparado para ello, o en muros con la debida autorización de sus propietarios o incluso hay establecimientos que han permitido a estos artistas la realización de uno de sus trabajos en sus puertas. El segundo tipo es el que realmente tiene significado en las opiniones de Gallardón al definirlas como actos de vandalismo. Constituyen “un daño que degrada y deteriora nuestras calles”, “genera un gasto absurdo” y supone un “ejercicio profundo de insolidaridad cívica”. Pero la cuestión está en que la mayoría de estas pintadas, no siquiera representan algo, son simplemente manchones, chorradas, frases con contenido político (muchas relacionadas con movimientos antifascistas), palabras insultantes o sin significado, símbolos políticos y reivindicaciones violentas, amenazadoras y despreciables. El pintar muros, paredes, escaparates de comercios, estatuas, contenedores, puentes e incluso, convoyes del Metro y autobuses, manifiesta únicamente el desprecio y la vejación al buen gusto, la educación y la limpieza, y supone un verdadero fracaso en la educación de estos jóvenes en aspectos de convivencia y comportamiento cívico.
Fiel reflejo de la poca consideración que en el PSOE e IU dan a este asunto e incluso lo alientan, son las declaraciones de gobernantes locales de estos partidos políticos, entre ellos nuestro alcalde, en las que anuncian que harán caso omiso a las medidas determinadas en el artículo 20 – prohibición de los graffitis y pintadas en la vía pública – de la recién y polémica Ley aprobada en la Asamblea de Madrid, de medidas de modernización del Gobierno y Administración de la Comunidad de Madrid. El máximo representante de nuestro municipio ha manifestado que la interpretará a su manera, es decir, que seguirá siendo tan condescendiente con los autores de los graffitis.
Varios vecinos de Rivas nos han mostrado su desaprobación por la falta de interés en nuestro gobierno municipal por implantar una política de soluciones reales y eficaces a este problema como ha hecho el Ayuntamiento de Madrid. El Ayuntamiento de Rivas debe comprometerse en poner serias medidas que termine la impunidad de los graffiteros. Reclamamos con urgencia un Plan de Limpieza General en los barrios afectados para que devuelvan a los muros, fachadas y mobiliario urbano su aspecto original, incrementando, si es necesario, la maquinaria y los operarios de la empresa encargada de la limpieza viaria, Rivamadrid. Es conveniente una regulación que clarifique las delimitaciones de los espacios reservados a esta actividad. También pedimos la colaboración de los propios damnificados, los moradores de estos inmuebles, que son los que al final tiene que sufragar la limpieza de estas gamberradas. Como ciudadanos afectados, en cuanto vean a alguna pandilla de jóvenes actuando contra una fachada, deben avisar con urgencia a la Policía Local para que puedan pillarlos in fraganti. Es vital perseguir estas actuaciones e incrementar sensiblemente las multas. Estas tendrían que ser semejantes a las propuestas del Ayuntamiento de Alcorcón, de hasta 3.000 euros o del Gobierno regional, de hasta 6.000 euros más acorde con el daño que ocasionan. Sin embargo, para disuadir a los del spray de la reiteración de sus actos, se les puede ofrecer la alternativa de sustituir estas multas, por la limpieza de las pintadas y reparar los estragos causados por trabajos sociales para la comunidad para que descarguen tanta energía creadora en algo más útil. Reclamamos al Ayuntamiento su implicación en actuaciones educativas que promuevan el comportamiento cívico en los jóvenes ripenses por el respeto de la propiedad pública y privada, especialmente desde las Casas de Juventud que con frecuencia imparten cursos de formación sobre el graffiti.
